La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net De la fe al amor
En muchos corazones se vive una crisis de amor. No hay capacidad de darse, de pensar en los demás, de salir de uno mismo para servir, para dar.
De la fe al amor
San Agustín decía que cuando uno se aparta de la
fe se aleja de la caridad, pues no podemos amar
lo que no sabemos si existe o no existe. En
otras palabras, desde la fe reconocemos y aceptamos a otros
en su bondad, en sus valores y riquezas personales, y
sólo a partir de esta aceptación podemos amarlos (cf. De
doctrina christiana I, 37, 41).
En muchos corazones se vive una
crisis de amor. No hay capacidad de darse, de pensar
en los demás, de salir de uno mismo para servir,
para dar. Esta crisis de amor es consecuencia de una
crisis de fe. Quizá nos faltan ojos para descubrir en
cada hombre, en cada mujer, la presencia del Amor de
Dios, un Amor que dignifica cualquier existencia humana.
Es verdad que
algunas malas experiencias en el trato con otros nos hacen
desconfiados, precavidos, “prudentes”. No resulta nada fácil ofrecer nuestro tiempo
o nuestro afecto a alguien que nos puede engañar o
tal vez podría llegar a darnos una puñalada por la
espalda. Pero más allá de esos puntos negros que nos
hacen desconfiados ante los extraños, existe la posibilidad de renovar
la fe y de abrir ventanas al mucho bien presente
en los otros.
Además, cientos de hombres y mujeres que caminan
a nuestro lado nos miran con fe, con afecto, confían
en nosotros. A veces lo hacen por encima de algunas
faltas que hayamos podido cometer contra ellos. Su mirada nos
dignifica, nos hace redescubrir esos valores que hay en nosotros,
ese amor que Dios nos tiene, también cuando somos pecadores.
¿No vino Cristo a buscar a la oveja perdida? ¿No
hay fiesta en el cielo por cada hijo lejano que
vuelve a casa?
Hemos de pedir, cada día, el don de
la fe. Una fe que nos permita crecer en el
amor. Una fe que sea entrega, lucha, alegría, a pesar
de los fracasos. Fe en el esposo o la esposa,
fe en los hijos, fe en el socio de trabajo,
fe en quien busca romper el ciclo de la corrupción
con un poco de honradez. Hay que renovar esa fe
que nos lleve a crecer en el amor.
Es cierto que
en el cielo ya no hará falta tener fe. Pero
ahora, mientras estamos de camino, la fe nos hace mirar
más allá, más lejos, más dentro. Nos permite vislumbrar que
el amor es más fuerte que el pecado y las
miserias de los hombres. Nos permite entrar en un mundo
de bondades que hacen la vida hermosa y que nos
preparan para recibir el don del paraíso, el don del
amor eterno del Dios Padre nuestro.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Acompañamiento y ayuda espiritual. Dudas acerca de la oración y la vida espiritual en general; problemas de fe y de cuestiones morales y éticas. En general, cualquier duda acerca del desarrollo espiritual y apostólico en tu vida
Ver todos los consultores