Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net 7. Soberbia y sensualidad
Manifestaciones de la soberbia y de la sensualidad. Virtudes a cultivar.
En este apartado encontrarás una lista de manifestaciones tanto de
la soberbia como de la sensualidad que te ayudarán a
detectar con mayor precisión dichas manifestaciones y a su vez
se encuentran las virtudes con las que podemos vencer estas
manifestaciones. Es recomendable que selecciones las manifestaciones que tienes y
al final evalúes mediante el conteo de las manifestaciones, tanto
de la soberbia como de la sensualidad, cual es tu
defecto dominante.
Guía de ayuda para las manifestaciones de la soberbia
y la sensualidad
Manifestaciones de la soberbia
Autosuficiencia: creer que me basto
a mi mismo, que no necesito de Dios ni de
los demás.
Autocomplacencia: estar muy satisfecho de uno mismo y
por eso gloriarse de sí mismo, auto alabarse, complacerse de
todo.
Altanería: Actitud despreciativa hacia los demás en palabras,
gestos, miradas, ponerse al tu por tu con los demás.
Vanidad:
querer aparentar lo que no se es, actuar o
hablar para quedar bien, aún a costa de la verdad.
Apropiarse
de los méritos ajenos: ante los éxitos ajenos, manejar
las cosas de tal que modo, que parezca que el
mérito es mío y así sacar yo el provecho.
Afán de
singularidad: buscar ser original, especial, para presumir o llamar
la atención. Querer tener privilegios o derechos que los demás
no tienen.
Desaliento: desanimarse ante los propios errores o fracasos
y tomar una actitud de pesimismo y de reproche.
Falta de
aceptación personal: no estar conforme consigo mismo y por eso
auto reprocharse, reprocharle a Dios por como se es y
por ello ser inseguro (en el fondo porque se sueña
con una imagen ideal que no es real o porque
se compara con los demás)
Envidia: mirar con malos ojos
cualidades éxitos de otros, que lleven a desanimarse o a
desear un mal a otro.
Orgullo: rebeldía, querer que todo
se haga como una quiere, enojo cuando se le contradice,
apego al propio juicio.
Dureza de juicio: terquedad, ser necio,
juzgar despreciativamente a los demás, mal interpretar sus actos.
Egoísmo:
querer ser el centro y criterio de todo, interesarse solo
por si mismo y por sus cosas.
Imponer el propio juicio
y gustos: querer que todos aprueben, acepten y apoyen
las propias opiniones, gustos, iniciativas, sin aceptar la de los
demás.
Timidez: temor a fallar, a no tener éxito o
a caer mal a los demás, no por eso es
callado, uno no se abre a los demás.
Cavilaciones: darle
muchas vueltas y vueltas a las cosa, complicándolas más de
lo que son.
Suspicacia: complicar mucho las cosas, buscando siempre
en las acciones, palabras o gestos de los demás, una
intención secreta hacia uno de lastimar, ridiculizar, engañar, etc.
Racionalismo:
querer entender todo con la razón y la lógica
personal, incluso los misterios de fe, y no aceptar lo
que no “entre” por ahí.
Ambición: afán de triunfar, de
tener éxito, para sentirse bien con uno mismo, sentirse poderoso,
mejor que los demás.
Juicios temerarios: emitir juicios negativos sobre
otros, sin fundamento en la verdad.
Crítica: manifestar abiertamente fallos,
errores, defectos de los demás, con intención de dejar mal
a la otra persona, ante otros.
Hipocresía y fariseísmo: expresar
hacia fuera sentimientos, actitudes, propósitos, etc., consciente de que no
corresponde a los hechos reales.
Espíritu calculador: calcular siempre en todo
los beneficios y perjuicios que se van a obtener y
actuar según la convivencia. Por desconfianza en los demás, estarse
siempre cuidando de que los otros no lo vayan a
herir o engañar.
Arrebatar la palabra
Centralizar en sí el juego
o la conversación.
Virtudes a cultivar
Apertura y búsqueda de Dios: apertura y valoración de los
demás , reconociendo y aceptando sus cualidades opiniones, etc.
Cultivar
una sana autocrítica para reconocer con realismo las propias cualidades
y defectos y atribuir lo bueno a dones recibido
de Dios y a mérito personal.
Apertura y llaneza, bondad en
el trato con los demás, sencillez y flexibilidad.
Pureza de intención
y transparencia en el obrar y actuar, ser sencillamente lo
que soy.
Reconocer, aceptar y a alabar los éxitos de los
demás, con objetividad y libertad interior.
Humildad para reconocerse como uno
más y buscar vivir con sencillez.
Aceptar con humildad y realismo
las propias limitaciones (sin agrandarlas) y tomar una actitud de
lucha y superación con confianza en Dios y sano optimismo.
Cimentar
la seguridad personal en el amor personal de Dios, aprender
a ver con objetividad todas las cualidades personales, verse desde
Dios y no desde la opinión de otros o de
una imagen soñada.
Valorar con sinceridad las cualidades de los demás,
sin compararse, con la libertad de espíritu.
Desprendimiento personal y flexibilidad
para abrirse a lo que es diferente, a los cambios,
a los demás, etc.
Apertura de mente y de espíritu para
aceptar diversidad de opiniones y criterios. Bondad de corazón para
comprender a los demás. Juzgar siempre por el lado
positivo.
Caridad y generosidad, apertura e interés sincero por los
demás, sus gestos, necesidades, estar en actitud de entrega y
servicio.
Desprendimiento personal y actitud de escucha para acoger iniciativas, opiniones,
con disposiciones de adaptarse a los demás.
Apertura sencilla y
seguridad personal. Ser lo que se es, sin cuestionar la
opinión de los demás.
Visión objetiva de las cosas, sencillez y
llaneza para no complicarlas.
Confianza en los demás, sencillez y seguridad
personal.
Fe y espíritu sobrenatural. Humildad para aceptar la limitación humana
de la razón.
Pureza de intención. Humildad para enriquecer a los
demás. Buscar beneficios para otros y no solo para uno
mismo.
Hablar sólo de los hechos de los que se conozca
con certeza la verdad objetiva e informarse siempre bien antes
de emitir un juicio.
Aprender a silenciar los errores ajenos y
saber descubrir y alabar las cualidades o virtudes y saber
defender a los demás cuando se presencia una crítica.
Autenticidad
y transparencia en el hablar y en el obrar.
Sencillez y
generosidad. Confianza en los demás, apertura sencilla y llana.
Manifestaciones de
la sensualidad:
Comodidad: buscar siempre lo más fácil, lo que implique
menos esfuerzo y por ello hacer las cosa a
medias.
Pereza: dejarse llevar por la apatía, perder mucho el
tiempo sin hacer nada, hacer el mínimo esfuerzo posible en
todo.
Irresponsabilidad: no cumplir con el deber, los encargos o
compromisos, con la puntualidad y totalidad que se debe, por
apatía o despiste despiste.
Falta de disciplina: vivir según el
sentimiento o impulso del momento, sin someterse nunca a un
horario o a una orden.
Inconstancia: ser incapaz de mantener
fiel a unos propósitos, o a unos compromisos contraídos.
Divagación de
la mente: vivir con la mente dispersa, pensando en
mil cosas sin concentrarse en lo que se está haciendo.
Huída
del sacrificio: huir y sacarle la vuelta a todo
lo que cueste o exija desprendimiento personal.
Sentimentalismo: vivir al
vaivén de los sentimientos dejándose manejar por ellos. Ver siempre
las cosas a través del sentimiento del momento, sin objetividad.
Sensiblería:
valorar las cosas sólo en la medida en que
producen sentimientos bonitos, sin buscar los sólidos, lo consciente.
Castillos en
el aire: vivir siempre como evasión, en posibles sueños
y deseos irreales, buscando en ello compensación o satisfacción.
Curiosidad:
querer saber siempre todo, estar enterada de todo leer escritos
o escuchar conversaciones que no me competen.
Superficialidad: vivir sin
profundizar en el verdadero sentido de la vida y de
las cosas, buscando solo el disfrute y la diversión fácil.
Estar muy pendiente del chisme, de las novedades, etc.
Vida de
sentidos: buscar satisfacción en verlo todo, experimentarlo todo, no
poder vivir sin ruido, sin el “disfrute de la vida”.
Gula:
comer o beber en exceso, por puro placer, o
como manifestación de insatisfacción o desfogue.
Búsqueda del placer físico:
buscar todo aquello que produzca placer corporal, en posturas, en
relación con los hombres o mujeres, masturbación, etc. (como compensación
de algunas carencias).
Afectividad excesiva: ser exagerado en las manifestaciones
y en la búsqueda de afecto de manera descontrolada y
sin estabilidad.
Virtudes a cultivar
Cultivar el espíritu de trabajo, formar
una voluntad firme, escoger siempre lo mejor no lo más
fácil, ni lo más cómodo.
Cultivar un espíritu de militancia en
todo, poner medios concretos para formar la voluntad mediante pequeños
retos o mortificaciones. Aprovechamiento del tiempo.
Madurez para tomar con seriedad
los compromisos que se tienen y sus exigencias. Formarse en
el orden, poner medios concretos para acordarse de las cosas.
Imponerse
un “orden de vida” tener un horario, un sistema de
orden, de trabajo y de organización, evitando las improvisaciones o
las apatías y desganes.
Empezar por ponerse pequeños propósitos y exigirse
fidelidad a ellos, e ir incrementando la exigencia. Cumplir puntualmente
las exigencias de los propios deberes y compromisos, desterrando todos
los sistemas.
Disciplina mental, exigencia consciente, estar donde debo estar
con los pensamientos. Formar el hábito de la concentración.
Formarme en
la reciedumbre y firmeza de carácter, afrontar lo costoso, como
muestra madurez y coherencia.
Ser persona de principios y actuar siempre
conforme a ellos. Dominio y voluntad, para manifestarse firme y
coherente a pesar de un sentimiento negativo. Aprender a juzgar
los hechos con objetividad, “desde fuera”.
Madurez; juzgar las cosas, los
acontecimientos, las personas, según su valor objetivo, independientemente del atractivo
sensible que tenga.
Formarse en el realismo; vivir con madurez y
coherencia el momento presente. Aceptar y proyectar la propia persona
en el marco del realismo.
Preocuparse e interesarse únicamente de
lo que realmente competa o sea de importancia personal. Mortificar
los sentidos, dominio personal. Convencerse de la inutilidad y
pérdida de tiempo que implica la curiosidad.
Fomentar el hábito de
la reflexión profunda. Ahondar en los valores e ideales auténticos
de la vida. Dar tiempo a reflexionar sobre la propia
vida, el sentido que se le quiere dar. Dar respuesta
a estos interrogantes y vivir coherentemente.
Descubrir el valor de la
auténtica vida interior y de la solidez interior. Buscar momentos
de silencio, de oración, de reflexión personal, para alimentar los
ideales profundos y no dejar que se “sofoquen”.
Fomentar la voluntad
y el dominio personal para ser dueños de sí, ponerse
pequeños propósitos. No darle más importancia a la comida de
la que tiene. Cimentar una profunda y auténtica seguridad personal
y afrontar con decisión los problemas, sin buscar escapes que
no solucionan nada.
Espíritu de mortificación y dominio personal, empezando con
pequeñas privaciones con el fin de incrementar los valores espirituales
más profundos y centrar en ellos la propia vida. Si
hay carencia afectivas, profundizar en el valor del verdadero amor,
en el amor de Jesús...para buscar el verdadero amor y
no una mera compensación que llene momentáneamente un hueco.
Aprender a
encauzar y dominar los impulsos de la afectividad. Valorar y
buscar nuestras más ecuánimes e incluso “espirituales”. Poner el peso
del amor en las actitudes interiores, y en la donación
afectiva, en la entrega al otro y no tanto en
lo externo.
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Me parece muy enriquecedor para la iglesia este tipo de reflexiones, para que nos sea más fácil identificarnos con conductas dañinas para nuestro espíritu y por tanto en nuestra vida personal.
La claridad y consición con que está redactado hacen que la lectura no sea tediosa.
Los felicito x contrubuir al engrandecimiento de la iglesia, con una visión actual y un lenguaje sencillo y claro.
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