La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Elí Ricardo Marín | Fuente: Catholic.net Los discípulos de Emaús
Lucas 24, 13-35. Pascua. Jesús nos acompaña durante todo el camino de nuestra vida.
Los discípulos de Emaús
Lucas 24, 13-35
Aquel mismo día iban dos de ellos
a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de
Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había
pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el
mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus
ojos estaban retenidos para que no le conocieran. El les
dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?» Ellos
se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás
le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que
no sabe las cosas que estos días han pasado en
ella?» El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo
de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en
obras y palabras delante de Dios y de todo el
pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a
muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el
que iba a librar a Israel; pero, con todas estas
cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El
caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han
sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no
hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una
aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron
también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron
tal como las mujeres habían dicho, pero a él no
le vieron». El les dijo: «¡Oh insensatos y tardos
de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas!
¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara
así en su gloria?» Y, empezando por Moisés y continuando
por todos los profetas, les explicó lo que había sobre
él en todas las Escrituras. Al acercarse al pueblo a
donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos
le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el
día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos.
Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con
ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y
se lo iba dando. Entonces se les abrieron los ojos
y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. Se
dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro
de nosotros cuando nos hablaba en el camino y
nos explicaba las Escrituras?» Y, levantándose al momento, se volvieron
a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a
los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El
Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» Ellos,
por su parte, contaron lo que había pasado en el
camino y cómo le habían conocido en la fracción del
pan.
Reflexión
En el evangelio de ayer María Magdalena va a
buscar al Señor y Cristo le sale al encuentro. En
cambio en este evangelio nos encontramos con los típicos seguidores
de los días de gloria que huyen el día del
castigo.
Cierto que los discípulos de Emaús tienen el mérito
de no haber traicionado a Jesús. Habían esperado que él
sería el Salvador. Lo que no han tenido en cuenta
es que Cristo persevera hasta el final, es capaz de
esperar hasta el último momento y salir al encuentro como
un buen amigo que tiende la mano.
Sin embargo, Jesús
no quiere limitar nuestra libertad y nos deja libres de
aceptar la mano que nos ofrece. Nos acompaña durante todo
el camino; pero, si no le pedimos que se quede
con nosotros, no lo reconoceremos cuando parta el pan.
Segundo Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia
"En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos de
todo el mundo que desean exaltar esa misericordia divina en
el culto sagrado y de manera especial en la celebración
del misterio pascual, en el que resplandece de manera sublime
la bondad de Dios para con todos los hombres.
Acogiendo pues
tales deseos, el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha
dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título
del Segundo Domingo de Pascua, se añada la denominación "o
de la Divina Misericordia" ..... " (Fragmento del Decreto de
la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos, de 5 de mayo de 2000.
Indulgencias en el Segundo Domingo de Pascua o de la
Divina Misericordia
"Se concede la indulgencia plenaria, con
las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por
las intenciones del Sumo Pontífice) al fiel que, en el
domingo segundo de Pascua, llamado de la Misericordia divina, en
cualquier iglesia u oratorio, con espíritu totalmente alejado del afecto
a todo pecado, incluso venial, participe en actos de piedad
realizados en honor de la Misericordia divina, o al menos
rece, en presencia del santísimo sacramento de la Eucaristía, públicamente
expuesto o conservado en el Sagrario, el Padrenuestro y el
Credo, añadiendo una invocación piadosa al Señor Jesús misericordioso (por
ejemplo, "Jesús misericordioso, confío en ti")".
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR
Consultores
de la sección Acompañamiento y ayuda espiritual. Dudas acerca de la oración y la vida espiritual en general; problemas de fe y de cuestiones morales y éticas. En general, cualquier duda acerca del desarrollo espiritual y apostólico en tu vida
Ver todos los consultores