Autor: P. Sergio A. Cordova LC | Fuente: Catholic.net La corrección fraterna
Mateo, 18, 15-20. Tiempo Ordinario. Antes de corregir, debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos en aquello mismo que corregimos a los demás.
La corrección fraterna
Mateo, 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos.
Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si
no te hace caso, llama a otro o a otros
dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca
de dos o tres testigos. Si no les hace caso,
díselo a la comunidad, y si no hace caso ni
siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un
publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la
tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que
desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os
aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de
acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará
mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están
reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de
ellos.
Meditación
La corrección fraterna es una obra de misericordia. Ninguno de
vosotros se ve bien a sí mismo, ve bien sus
faltas. Es un acto de amor, para ser complemento el
uno del otro, para ayudar a verse mejor, a corregirse.
Justamente una de las funciones de la colegialidad es aquella
de ayudarnos, en el sentido también del imperativo precedente, de
conocer las lagunas que nosotros mismos no queremos ver –“ab
occultis meis munda me” dice el Salmo– de ayudarnos para
que estemos abiertos y podamos ver estas cosas. Naturalmente, esta gran
obra de misericordia, ayudarnos los unos a los otros para
que cada uno pueda realmente encontrar la propia integridad, la
propia funcionalidad como instrumento de Dios, exige mucha humildad y
amor. Sólo si proviene de un corazón humilde que no
se pone sobre el otro, no se considera mejor que
el otro, sino solamente humilde instrumento para ayudarse recíprocamente. Sólo
si se siente esta profunda y verdadera humildad, si se
siente que estas palabras vienen del amor común, del afecto
colegial en el cual queremos servir juntos a Dios, podemos
en este sentido ayudarnos con un gran acto de amor.
También aquí el texto griego aumenta cierto matiz, la palabra
griega es “paracaleisthe”; es la misa raíz de la que
viene la palabra “Paracletos, paraclesis”, consolar. No sólo corregir, sino
también consolar, compartir los sufrimientos del otro, ayudarlo en las
dificultades. Y también esto me parece un gran acto de
verdadero afecto colegial. En las tantas situaciones difíciles que nacen
hoy en nuestra pastoral, alguno se encuentra realmente un poco
desesperado, no ve cómo puede salir adelante. En aquel momento
tiene necesidad de consuelo, tiene la necesidad de que alguien
esté con él en su soledad interior y realice la
obra del Espíritu Santo, el Consolador: Aquella de dar aliento,
de llevarnos juntos, de apoyarnos mutuamente, ayudados por el Espíritu
Santo mismo que es el Gran Paráclito, el Consolador, nuestro
Abogado que nos ayuda. Por lo tanto, es una invitación
a hacer de nosotros mismos “ad invicem” la obra del
Espíritu Santo Paráclito. (SS Benedicto XVI XI Sínodo de Obispos
sobre la Eucaristía)
Reflexión
Nos dice nuestro Señor que “si un hermano
peca –o sea, falla en cualquier cosa de moral o
dignidad en su comportamiento– repréndelo a solas entre los dos.
Si te hace caso, habrás salvado a tu hermano”. Con
esto nos está diciendo el Señor que la corrección es
un bien y un servicio que se hace al prójimo.
Pero aquí también hay reglas del juego, y hemos de
tenerlas muy en cuenta para practicar cristianamente estos consejos de
nuestro Señor. Veamos algunas de ellas.
La primera es que, antes
de corregir a los propios hijos o a nuestros educandos,
debemos estar muy atentos nosotros para no faltar o equivocarnos
en aquello mismo que corregimos a los demás; y, por
tanto, el que corrige –ya se trate de un maestro,
de un educador y, con mayor razón, de un padre
o madre de familia– debe hacerlo primero con el propio
testimonio de vida y ejemplo de virtud, y después también
podrá hacerlo con la palabra y el consejo. Nunca mejor
que en estas circunstancias hemos de tener presente el sabio
proverbio popular de que “las palabras mueven, pero el ejemplo
arrastra”. Las personas –sobre todo los niños, los adolescentes y
los jóvenes– se dejan persuadir con mayor facilidad cuando ven
un buen ejemplo que cuando escuchan una palabra de corrección
o una llamada al orden.
La segunda regla es que, al
corregir, hemos de ser muy benévolos y respetuosos con las
personas, sin humillarlas ni abochornarlas jamás, y mucho menos en
público. ¡Cuántas veces un joven llega a sufrir graves lesiones
en su psicología y afectividad por una educación errada! Y
es un hecho que muchos hombres han quedado marcados con
graves complejos, nunca superados, a causa de las humillaciones
y atropellos que sufrieron en su infancia por parte de
quienes ejercían la autoridad. Y no digo yo que no
hay que corregir a los niños –dizque para no traumarlos,
pero sí que hay formas y formas.
Petición
Señor, te pedimos que
al corregir, procuremos usar una gran bondad, mansedumbre y miramiento,
y de un hondo sentido de la justicia y la
equidad.
Si somos corregidos alguna vez –pues también nosotros estamos
sometidos a autoridad–, no nos rebelemos ni tomemos a mal
la corrección, sino con buen ánimo, con humildad y sencillez,
según Tus palabras: "Hijo mío, no menosprecies la corrección del
Señor y no te abatas cuando seas por Él reprendido;
porque el Señor reprende a los que ama, y castiga
a todo el que por hijo acoge" (Hb 12, 5-6;
Prov 3, 11-12).
Te pedimos para que sepamos dar una educación
auténticamente cristiana a nuestros hijos y a los niños y
jóvenes confiados a nuestro cuidado.
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me gusta mucho,saber pues en la nueva evangelizacion se cree que es sacarse los chiritos al sol,y es como un acto de reproche,hacia el hermano,en vez de hacer un acto de amor,de buscar lo que nosune por medio del amor
pereira
joven de 15 anos dispuesto a seguir al senor
Hola. Soy responsable de la Formación en la Hermandad del Rocío de San Sebastián de los Reyes, en la parroquia de San Sebastian Mártir. Dentro de las charlas de formación de la hermandad la corrección fraterna sería un tema perfecto. Podríamos ponernos en contacto y ver si una charla sería posible dentro de la Hermandad. En espera de sus atentas noticias ... gracias. Un saludo.
Exelente, muy enriquesedor el comentario. Yo agregaría que la corrección fraterna tiene dos caras la del deber de corregir al hermano como el deber de aceptar la corrección de los hermanos hacia nostros mismos, para ambas se necesita LA HUMILDAD, y hoy dia la segunda cara es la más difícl. "¿Porqué miras la paja del hojo de tu hermano y no reparas la viga que hay en el tuyo?
Me Sirvio Mucho esto. Muchas Gracias.Les Agradezco mucho por ponerlo. Bueno les mando saludos al que lo hizo. Ademas el La correccion Fraterna me re sirvio, de nuevo muchas muchas gracias. Los saluda Jaz!.
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