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Autor: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net Curación de la suegra de Pedro
Lucas 4, 38-44. Tiempo Ordinario. Cristo te cura de las enfermedades del alma, siempre está atento...solo tienes que pedirlo.
Curación de la suegra de Pedro
Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la
sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de
Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella.
Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre
la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles.
A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de
diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo él las manos
sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios
de muchos, gritando y diciendo: Tú eres el Hijo de
Dios. Pero Él, conminaba y no les permitía hablar,
porque sabían que Él era el Cristo. Al hacerse de
día, salió y se fue a un lugar solitario. La
gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban
de retenerle para que no les dejara. Pero Él les
dijo: También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena
Nueva del Reino de Dios, porque a esto he
sido enviado. E iba predicando por las sinagogas de Judea.
Reflexión
Es
admirable el trabajo de los médicos. Nunca tienen un rato
de descanso, porque allí donde van, aunque sea a una
fiesta, todo el mundo se acerca para hablarles de sus
padecimientos y enfermedades.
Así me imagino también a Jesús. No había
llegado todavía a casa de su amigo Pedro cuando ya
le piden un milagro. Y por la tarde vinieron a
suplicarle que sanara a otros enfermos. Y al salir el
sol le seguían buscando incluso en el desierto.
¡Qué grande es
el Corazón de Cristo! Qué paciente, las veinticuatro horas del
día, sin pedir nada a cambio. La Palabra ablanda cualquier
corazón, aunque sea más duro que las piedras.. Le apasionaba
su misión. Sabía que tenía que aprovechar los tres años
de vida pública y no se permitió ni un momento
de reposo.
Esto nos enseña a tomarnos en serio nuestra vida.
El tiempo que Dios nos ha concedido no puede tirarse
a la basura con entretenimientos estériles. Hay mucho que hacer,
y algún día nos pedirán cuentas de lo que hayamos
hecho. Seguro que tienes varias tareas pendientes que están esperando
su momento. ¿Y cuando llegará? Quién sabe.
Es cuestión de organizarse
bien, de tener el día programado para rendir al máximo,
aun sacrificando el tiempo dedicado a la televisión. Debemos ser
exigentes con el uso de las horas. No pueden desperdiciarse,
porque nunca más volverán.
Primero es necesario establecer una jerarquía.
¿Qué es lo más importante para mí? No hay que
descuidar el trabajo, ni la familia, ni los momentos para
Dios, ni las actividades que enriquezcan a los que viven
en la misma ciudad o país. Sepamos sacarle el jugo
a la vida que Dios nos ha regalado.
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