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Autor: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte
Los Mandamientos de la ley de Dios son 10
Los mandamientos son normas de conducta dictadas por Dios a la humanidad y perfeccionadas por Cristo en el Nuevo Testamento
 
Los Mandamientos de la ley de Dios son 10
Los Mandamientos de la ley de Dios son 10
Estas normas son el camino que ha de conducir al hombre a la felicidad eterna. «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos»1 , dijo Jesucristo.

«La división y numeración de los mandamientos ha variado en el curso de la historia. La actual es de San Agustín. Los ortodoxos tienen una división distinta» .

Las leyes que Dios ha puesto en la Naturaleza podríamos dividirlas así:


a) Ley eterna: es el plan de Dios para toda la creación.

b) Ley natural: es la Ley eterna grabada en los seres racionales que está basada en la naturaleza del hombre, como, por ejemplo, la injusticia de la calumnia o la monstruosidad de la blasfemia.

c) Ley positiva: tanto divina (mandamientos) como humana (administración de los sacramentos).

d) Ley física: es la que dirige los seres irracionales.

Los mandamientos son preceptos de la Ley natural4 impresos por Dios en el alma de cada hombre. «Contienen una expresión privilegiada de la Ley natural».

Por eso obligan a todos los hombres de todos los pueblos, y son valederos para todos los tiempos, constituyendo el fundamento de toda moral individual y social. «La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma», dice la Sagrada Escritura.

Dios ha impreso los mandamientos en el alma de tal modo que, incluso los que se las dan de ateos y dicen que no hay Dios, reconocen esta ley impuesta por Dios al hombre, y se ofenden cuando se les llama ladrones o embusteros.

La moral católica no sólo obliga a los católicos, obliga a todos los hombres; pues se basa en la Ley natural. Todo hombre, católico y no católico, está obligado a no matar, no robar, no explotar al prójimo, no calumniar, etc.

Esto no excluye que haya mandamientos exclusivos para los católicos, como el ir a misa, práctica de sacramentos, etc.

La Ley natural «es algo que nos pertenece intrínsecamente, que está grabado en los más íntimo de nuestro ser.

(...) Su seguimiento nos realiza auténticamente como personas humanas, su olvido y desobediencia terminan por rebajar al hombre en su dignidad. Los principios de la Ley natural -los primeros y más comunes- que dicen relación a los bienes humanos básicos son evidentes y no requieren demostración alguna. Estos principios constituyen el primer nivel de la Ley natural.

Se trata de verdades cuyo conocimiento está al alcance de todos: "haz el bien y evita el mal".

»El segundo nivel lo forman aquellos preceptos que a la razón de todo hombre (...) basta un poco de reflexión para derivar dichos principios de los pertenecientes al primer nivel: "no hurtarás, no matarás". (...)

»El tercer nivel lo constituyen aquellos principios (...) cuya verdad ya no es tan clara; (...) nos llega a través de hombres sabios y prudentes»9 .

Los mandamientos de la Ley de Dios son la ley moral que Dios dio a Moisés en el Antiguo Testamento y que Cristo perfeccionó en el Nuevo.

Se basan en que Dios es nuestro Dueño y nuestro Señor, y nos puede mandar. Pero es tan bueno, que lo que nos manda es para bien nuestro. Con los mandamientos, Dios protege nuestros derechos y también los de nuestros prójimos.

Los mandamientos «presentan valores trascendentes que nacen de la misma dignidad de la persona humana». Los mandamientos no son prohibiciones caprichosas para poner trabas a la libertad del hombre. Es la ley justa y sabia con que Dios quiere gobernarnos para nuestro propio bien.

Las cosas no son malas porque Dios las prohibe, sino que Dios las prohibe porque son malas.

Todos los mandamientos son para todos: nadie puede dejar de cumplirlos, y es necesario cumplirlos todos para salvarse. No basta decir: «yo no robo ni mato».

Para salvarse hay que guardarlos todos. Para condenarse basta faltar a uno.

Para poder pasar por un puente es necesario que no se haya hundido ninguno de sus arcos. Dice el Apóstol Santiago el Menor que el que guarda los demás mandamientos pero quebranta uno solo, se hace culpable de todos.

Los mandamientos de la ley de Dios constituyen el programa más completo y más perfecto que se ha dado en el mundo, para conseguir la paz y la tranquilidad a los individuos, a las familias, a los pueblos y a las naciones.

En la guarda de ellos está el secreto de abrirse paso dignamente en la vida.

Si quieres que todo el mundo te estime y te respete, guarda los mandamientos. Además, te aseguro que tu vida será mucho más feliz que si no los guardases.

Las mayores tragedias que vemos en esta vida ocurren frecuentemente porque no se guardan los mandamientos.

Por eso están las cárceles llenas de desgraciados, por eso el hambre de muchos hijos, por eso los disgustos en tantas familias, tantas lágrimas y tantas penas.

Si se cumplieran los mandamientos de Dios desaparecerían muchos problemas de hoy: delincuencia, terrorismo, violaciones, madres solteras, adulterios, hijos extramatrimoniales, abortos, homosexualidad, drogas, SIDA, etc. Si todo el mundo cumpliera los mandamientos, la vida en la Tierra sería un cielo.

Avelino de Luis, Profesor del Seminario de Astorga, dijo en el Congreso de Pastoral Evangelizadora, celebrado en Madrid en Septiembre de 1997:
«Hemos ido robando a Dios espacio en la familia, en la escuela, en la prensa, en la radio y en la televisión.

Nos hemos empeñado en echarle de la economía, de la política, de la legislación, de la cultura. Empezamos arrinconándole, y acabamos por no tener ningún sitio para Él. Y así nos van las cosas».

Por no cumplir los mandamientos de la ley de Dios ocurre, como dice Hobbes, que «el hombre es lobo para el hombre»

El Papa Juan Pablo II, en Georgia, en el 89º viaje internacional apostólico de su Pontificado, celebró una misa multitudinaria en el Palacio de Deportes de Tbilisi.

«Durante la homilía, recalcó firmemente la dimensión teologal del ser humano al indicar que "sin Dios, el hombre no puede realizarse plenamente ni encontrar su verdadera felicidad. Sin Dios, el hombre termina yendo contra sí mismo, porque no es capaz de construir un orden social adecuadamente respetuoso de los derechos fundamentales de la persona y de la convivencia civil"».

No negamos que un ateo pueda ser honrado. Pero le falta motivación eficaz.

Su moral puede derrumbarse con facilidad lo mismo que un castillo de naipes. «Una ley a la cual puede uno sustraerse sin riesgo ninguno, no tiene eficacia.

Edmundo Scherer ha dicho: «una moral no es nada si no es religiosa».

«La única moral que es razonable es la que se propone desde una óptica religiosa. Que disponga de un punto de apoyo. Si no, sería como querer colgar un cuadro en la pared sin clavar antes el clavo. Ese clavo es Dios».

Por eso dijo Dostoieski: «Si Dios no existe, todo está permitido».

Sin Dios, sin alma y sin vida futura, la moral es un ídolo que el hombre destroza el día que cae en la cuenta de que es obra de sus manos». «Cada uno obrará según sus gustos», como dice Benezech.

«Alguno dirá que existe la ética civil, la moral consensuada por los grandes organismos internacionales, (...) pero son poquísimos los hombres que dejan de robar, mentir y matar porque lo diga la ONU. (...) Arrancada del interior del ser humano la conciencia religiosa, es fácil que éste se convierta en un tiburón (...) en un mundo sin Dios, en el cual la única ley que cuenta es la de que el pez grande se come al chico, y casi siempre hay un tiburón más grande que otro».

Dice una sentencia catalana, «El qui no té fe, no té fre»: «el que no tiene fe, no tiene freno».

Una sociedad que no acepte valores auténticos va camino del suicidio.

Para muchos hoy no son valores la familia, la fidelidad matrimonial, los hijos, el respeto a la vida de seres humanos inocentes, la moralidad sexual, la honradez, la verdad, la religión, la moral...

¿A dónde vamos por este camino? ¿Qué futuro nos espera? Dice Dios en la Biblia: «Mis mandatos son luz de los pueblos».

«El reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, sino que es su fundamento. Cuando el hombre organiza el mundo sin Dios, acaba organizando una sociedad contra el hombre».

«Hoy es más urgente que nunca la educación ética y religiosa. No podremos avanzar en la construcción de una convivencia social justa y libre, si las nuevas generaciones no son educadas en los valores fundamentales, y si no se ejercitan en vivir, ya desde la infancia, de acuerdo con ellos».

El cumplimiento de los mandamientos a veces cuesta trabajo. Tenemos que frenarnos, renunciar. Pero los mandamientos nos llevan al cielo.

Son como las ruedas del carro, que pesan, pero gracias a ellas puede andar. Un carro sin ruedas no hay quien lo mueva.

«Dios hace posible por su gracia lo que manda»23 .

La moral católica no es represiva, como algunos dicen. No quita la libertad al hombre. La orienta para que se realice como persona humana.

Como las vías del tren que le obligan a ir por un camino, pero ayudan al tren a avanzar y a llegar. Le impiden que se despeñe.El puente me obliga a cruzar el río por ese punto concreto, pero gracias al puente puedo cruzar el río.

Algunos consideran a Dios como enemigo de la libertad humana, y piensan que el hombre será totalmente libre cuando se emancipe de Dios y de la Religión.

Sin embargo, sometiéndonos a la ley de Dios nos realizamos plenamente como personas humanas, pues nos liberamos de la esclavitud de nuestros instintos desordenados. Muchos adoran su libertad como a un ídolo. Desean hacer lo que quieren siempre y en todo. Por eso rechazan la moral católica porque les limita su libertad. Pero la vid, si no se poda, no da fruto.

«Cuando el hombre se deja podar es cuando puede madurar y dar fruto».

Dice Ortega y Gasset: «Es falso decir que en la vida deciden las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter».

Libertad es la capacidad para poder elegir entre dos valores auténticos. Pero elegir el mal, abandonando el bien, no es libertad sino esclavitud.

El hecho de que algunos prefieran ser esclavos es lamentable. Pero las joyas no pierden valor aunque haya personas que no saben apreciarlo.

La libertad con Dios, es auténtica. La libertad sin Dios es un engaño.

Dios no quita libertad para lo bueno, sino para lo malo. Con esto ayuda al hombre. Elegir lo malo es una equivocación. Quitar la libertad para lo malo es un bien. «La verdadera libertad es el derecho a no estar impedido para hacer lo que es bueno».

«No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia». «El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa».

El cristiano se siente libre, no porque hace lo que quiere sino porque quiere hacer lo que Dios manda. Obedece a Dios libremente, sin coacción.

Ser libre no es hacer lo que a uno le gusta. El ludópata elige libremente jugarse el dinero, pero es un esclavo de su vicio.

«Lo que nos hace libres no es el no querer aceptar lo que sea superior a nosotros, sino el acatar de buena gana lo que está por encima de nosotros» (Goethe).

«Yo soy libre cuando elijo lo que me perfecciona como ser humano. Si actúo sólo en virtud de mis apetencias momentáneas soy esclavo de mi tendencia a tomar lo agradable como valor supremo. Lo agradable es un valor, pero se halla en la parte más baja de la escala de valores».


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