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Un nuevo premio de la Fundación Príncipe de Asturias a
la Iglesia. Y no precisamente por el hecho de que
en el Jurado hubiera destacas personalidades que no esconden su
fe católica. Después de las Hijas de la Caridad, al
compás de las efemérides en estas instituciones, le ha tocado
a Manos Unidas, una organización católica, de la Iglesia. No
debemos olvidar que el jurado también ha premiado el acierto
del Comité Ejecutivo de la Conferencia Episcopal que, en su
reunión del 16 de febrero de 2010, aprobó presentar la
candidatura de Manos Unidas al Príncipe de Asturias de la
Concordia.
El Secretario General de la Conferencia cuida sus buenas relaciones
con los paisanos del Principado y lo que no se
le puede negar es el ojo clínico para presentar las
candidaturas de instituciones eclesiales, una nueva forma de mantener la
imagen positiva del protagonismo de la Iglesia en la sociedad
española. Tampoco debemos olvidar que a la candidatura presentada por
los obispos le acompañó un muy considerable número de avales
de instituciones católicas que secundaron la propuesta episcopal.
Este merecido premio
le llega a esta organización católica, de algo más que
desarrollo, en un momento en el que atraviesa un período
de tranquilidad y de consolidación, interna y externa, después de
unos años complejos. El nombramiento de una nueva Presidenta, con
un pronóstico reservado en las propuestas que se hicieron a
la Conferencia Episcopal, consolida una línea de profunda renovación en
la eclesialidad de una institución que nació de las manos
extendidas de las mujeres de la Acción Católica. Las páginas
de la vida que, por ejemplo, Pilar Bellosillo dedicó al
nacimiento de Manos Unidas en su autobiografía son, ciertamente, deliciosas.
Ahí estaba el espíritu apostólico de las primeras Campañas contra
el Hambre, santo y seña de las raíces de Manos
Unidas.
Un puntal de la eclesialidad de Manos Unidas es, sin
duda, su Secretario General, el laico Rafael Serrano Castro, gran
artífice de la renovación del espíritu de esta institución. Una
persona que ha entregado su vida a la Iglesia desde
la defensa de la dignidad de la persona y en
quien la Iglesia confía siempre por su acreditado sentido común
y su experiencia en la vida interna del mundo católico.
Ahora, con el Premio a la Concordia, Manos Unidas latirá
en el corazón del mundo y de la sociedad española
extendiendo si cabe más ese torrente de Evangelio puro que
trasparenta en cada una de sus acciones, en cada uno
de sus programas, en cada una de sus actuaciones. Muchas
gracias a la gran familia de Manos Unidas por ser
así, pan sencillo y palabra clara. |