Autor: . | Fuente: Analisis Digital/Aceprensa El hijo, un bien público a disposición privada
La Comisión Europea está cada vez más preocupada por el envejecimiento demográfico y su repercusión en las pensiones.
El hijo, un bien público a disposición privada
Esta misma semana ha publicado un Libro Verde cuyo mensaje
es que “con las tendencias actuales la situación es insostenible”.
Soluciones: conseguir que la edad efectiva de salida de la
vida laboral (actualmente 61,4 años) se aproxime a la edad
legal de jubilación, y alargar esta hasta los ...70 años.
En España, la edad efectiva de abandono de la actividad
laboral está en 62,6 años, y el gobierno ya ha
anunciado su intención de prolongar la edad legal de jubilación
hasta los 67. A este paso, los viajes del INSERSO
ya no serán para llevar a los mayores a Benidorm,
sino a su puesto de trabajo vitalicio.
La creciente sensibilidad hacia
este problema se nota también en los medios de comunicación.
“Su hijo es un bien de interés público”, titula un
reportaje de El País (7-07-2010). Con datos y opiniones de
especialistas, da la señal de alarma sobre el desequilibrio entre
la baja natalidad y la larga esperanza de vida, lo
que pone en riesgo el Estado de bienestar: las pensiones,
la atención a las personas dependientes, el gasto sanitario y
educativo.
Los políticos pueden prometer cualquier cosa en sus declaraciones, pero
los datos demográficos son contundentes y nada flexibles. Para apuntalar
el Estado de bienestar, necesitaríamos alcanzar una tasa de fecundidad
en torno a 1,9 hijos por mujer, como tienen Francia
y los países nórdicos. En cambio, tenemos 1,46. La inmigración
contribuye a aumentar la natalidad (un 20% de los nacimientos
son de madre extranjera), pero los demógrafos saben que no
basta para aumentar la tasa de fecundidad. Las inmigrantes no
son tan numerosas como para elevar ese índice, y además
tienden a ir adoptando los patrones españoles de natalidad más
reducida.
Así que no queda más remedio que estimular la natalidad.
Si en los viejos tiempos se trataba de tener hijos
para engrandecer la patria, ahora se trata de tenerlos para
la Seguridad Social. Pero tampoco es una imposición: en todas
las encuestas las españolas dicen que desearían tener más hijos.
En el citado reportaje, se pide que todos cambien para
fomentar la natalidad: el Estado, con más prestaciones familiares y
plazas de educación infantil; los empleadores, con medidas de conciliación
entre trabajo y familia; y las propias familias, con una
responsabilidad compartida entre marido y mujer para la crianza de
los hijos. Lo dicho: “su hijo es un bien de
interés público”, que todos hemos de proteger.
El aborto, contra el
Estado de bienestar
Pero uno vuelve la página y se encuentra
con el debate sobre la entrada en vigor de la
nueva ley del aborto, y el hijo pasa a ser
un bien de interés exclusivamente privado, del que la mujer
puede disponer sin dar explicaciones. Aquí no cabe ni lo
de la responsabilidad compartida con el padre.
Sin entrar en otras
consideraciones éticas, no cabe duda de que las vidas eliminadas
por el aborto son otro embate a los pilares del
Estado de bienestar. Los 115.812 abortos de 2008 suponen uno
por cada cinco embarazos. Uno de cada cinco nuevos españolitos
que no aportarán sus brazos y sus cabezas al progreso
del país. También habrían supuesto un gasto en su infancia
y juventud, pero el aumento de población joven en un
país envejecido siempre tiene un efecto positivo.
Tampoco cabe pensar que
las mujeres que abortan están cargadas de hijos. Los datos
dicen que el 66% no tenían ninguno, y el 23%
solo uno.
Si se trata también, como explican los demógrafos, de
favorecer que las mujeres tengan hijos más jóvenes, el derecho
al aborto va precisamente en la dirección opuesta: las más
elevadas tasas de aborto se dan entre los 20-24 años
(21,05 por mil mujeres) y de los 25 a 29
años (16, 49 por mil).
Sin embargo, lo que preocupa a
El País en esa otra página es que la facilidad
para abortar sin dar explicaciones no encuentre ningún obstáculo: ni
objeción de conciencia, ni limitaciones de dinero público, ni control
riguroso de las clínicas abortistas.
En concreto están muy preocupados con
el caso de Navarra, donde el gobierno foral mantiene que,
como allí no hay médicos dispuestos a realizar abortos, seguirá
derivando a las mujeres que quieran abortar a otras regiones
limítrofes, aunque les paga los gastos. Esta actitud “obstruccionista” les
pone de los nervios a la izquierda y a los
colectivos feministas. Dicen que esto crea un gran obstáculo al
ejercicio del derecho al aborto, aunque habida cuenta de que
las pamplonicas se desplazan a San Sebastián (87 km.) en
menos de una hora para ir a la playa, no
parece un gran incomodo hacer lo mismo para abortar. Pero
se comprende que, tratándose de Navarra, a estos colectivos les
importa más el fuero que el huevo.
En cualquier caso, la
actitud del gobierno socialista en este punto es emblemática de
las contradicciones de cierta izquierda. Ha comprendido que con la
economía no se juega, y por eso anuncia la reforma
de las pensiones y la subida de la edad de
jubilación, como un ejercicio de responsabilidad ineludible. Al mismo tiempo,
ante unas cifras de abortos disparadas desde hace años, reconoce
como un derecho y una prestación del sistema de salud
un gesto de muerte que quita cada año un 20%
a la natalidad del país. Así, lo que el Ministerio
de Trabajo intenta consolidar es socavado por los Ministerios de
Igualdad y de Sanidad.
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Este artículo me lleva a reflexionar, lo de la reproducción humana no es cosa para jugar, se trata de algo muy serio como la continuación de la vida (como semilla), a la vez garantiza la calidad de vida de las personas en la edad adulta, y hasta el riesgo de productividad y continuidad de un pueblo.
Si no hay gente joven ¿quienes trabajarían para mantener un país?, creo la mujer y el hombre deben asumir con seriedad ese rol QUE DIOS nos encomendó en relación a la reproducción, y el Estado ofrecer facilidades a las familias con guarderias, entre otras cosas para el cuido de los pequeños. Tomar en cuenta que las personas jóvenes en edad reproductiva necesitan viviendas, trabajos y muchas veces tienen que arreglarselas como puedan, trabajando tanto la mujer como el hombre para poder responder a las exigencias de la vida moderna.