Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net Boletín de la Comunidad de Abogados Católicos
Benedicto XVI en México. ¿El Cuerno de la Abundancia?
Benedicto XVI en México. ¿El Cuerno de la Abundancia?
Autor:
Guillermo Gazanini Espinoza / Secretario del Consejo de Analistas Católicos
de México
Todos recordamos el boom petrolero del sexenio de López
Portillo. Su inicio fue tan azaroso y desafortunado como fue
para el pescador que dio nombre a uno de los
yacimientos petrolíferos más grandes del mundo. Un día, Rudesindo Cantarell
descubrió una gran mancha negra en la superficie del mar
de Campeche. Los especialistas determinaron que el origen del material
estaba en un súper yacimiento petrolero que haría nadar a
México en la riqueza y abundancia, dólares garantizados de por
vida gracias a la bondad de las entrañas del subsuelo;
desde luego, como muchas cosas en México, Cantarell sólo se
llevó la gloria de que el yacimiento petrolero tenga su
nombre, sin haber tocado ni un céntimo de la riqueza
generada a costa de su apellido. Cantarell sólo es ejemplo
de la explotación irracional del país alguna vez llamado el
“Cuerno de la Abundancia” por sus recursos naturales infinitos, ilimitados,
que hicieron de México nación soberana y hoy enfrenta la
dependencia del exterior para satisfacer las necesidades del consumo interno.
La degradación ambiental y la explotación de los recursos de
México es un tema venido a más por los efectos
padecidos en las últimas décadas. Este año, el de la
visita pontificia, registra una de las peores sequías a nivel
nacional que pone en riesgo la vida de millones al
no ser garantizadas las condiciones para el desarrollo humano; la
falta de agua, según expertos, pondría a dos millones en
riesgo de hambruna con los efectos que trae: pobreza, inmigración,
dependencia alimentaria y, lo más grave, la muerte de zonas
que eran proveedoras abundantes de alimento. La tragedia, lejos de
evitarse, viene a ser un jinete del apocalipsis que cabalga
azuzando luchas humanas por los recursos vitales aún en las
grandes ciudades del país cuyos habitantes, día a día, sufren
el calvario por obtener agua escasa y de pésima calidad.
Si bien la legislación mexicana actual consigna normas más estrictas
para proteger el entorno, la crisis ambiental y de los
recursos nacionales persiste. Las grandes ciudades del país afrontan contaminación
y el aire es origen de enfermedades respiratorias; los recursos
acuíferos de las urbes, particularmente de la Ciudad de México,
tienden a agotarse al haber acabado las reservas de los
mantos freáticos y obtener agua desde puntos más lejanos al
Valle que albergó un gran lago ahora extinto; desde inicios
del nuevo milenio, las especies mexicanas en peligro de desaparecer
son casi 500 y su tráfico es la tercera actividad
ilícita más lucrativa, sólo por debajo del narcotráfico y el
comercio de armas. Benedicto XVI será huésped de un Estado
que ha sufrido la mayor degradación ambiental a causa de
la refinería de Salamanca. Aún cuando los esfuerzos gubernamentales han
querido paliar los efectos de la contaminación por los procesos
de refinación, en la década pasada la calidad del aire
de los guanajuatenses arriesgó su salud y vida; las eventualidades
en la refinería pusieron en vilo la seguridad y bienestar
de las poblaciones cercanas debido a fugas de materiales tóxicos
y la emisión de partículas de azufre perjudiciales de la
salud humana, especialmente de niños y ancianos.
La creación es
un don de Dios. Desde Paulo VI, el magisterio pontificio
ha desarrollado la idea de que no es una cosa
para devastar sino fuente de bienestar para las sociedades. Cualquier
forma de destrucción del medio pone en riesgo la seguridad
de las personas y la permanencia de México, arrasado en
sus recursos que han enriquecido obscenamente a algunos y empobrecido
a muchos más, siendo que la Ley garantiza que los
elementos naturales del territorio nacional son propiedad de los mexicanos.
La visita del Pontífice Romano llama fuertemente la atención, especialmente
por su interés sobre el tema del cuidado del medio
y del uso responsable de la naturaleza; la humanidad, ha
dicho, no tiene futuro alguno si continúa con este ritmo
de destrucción y la advertencia es clara para México cuando
ha perdido más del 95 porciento de sus bosques, con
lo que esto implica.
El pensamiento del llamado Papa Verde
no evade esta realidad del país del “Cuerno de la
abundancia”. Por mucho tiempo, los responsables de la explotación de
la naturaleza creyeron que era ilimitada y podían disponer de
ella a su entero antojo, sin consecuencia alguna y amasando
fortunas increíbles. Las palabras de Benedicto XVI, en la Encíclica
Caritas in Veritate se amoldan al caso mexicano: El modo
en que el hombre trata el ambiente influye en la
manera en que se trata a sí mismo, y viceversa.
Esto exige que la sociedad actual revise seriamente su estilo
de vida que, en muchas partes del mundo, tiende al
hedonismo y al consumismo, despreocupándose de los daños que de
ello se derivan”. (No. 51) Y así es, en el
momento que Benedicto XVI visita México, sufrimos las consecuencias de
las conductas negligentes, corruptas, mezquinas y avariciosas que ponen a
millones de mexicanos en dificultades crecientes por la ausencia de
gobiernos responsables respecto al manejo del ambiente y el aprovechamiento
racional de los recursos.
El mensaje del Papa interpela las
conciencias de los mexicanos para saber qué hemos hecho de
esta casa común y cómo habremos de poner las medidas
oportunas para salvar un territorio rico todavía. Ya se advierte
que, de seguir este ritmo de explotación, se pone en
peligro el desarrollo y bienestar de las generaciones futuras. La
aniquilación de los recursos ha generado más y más pobres,
atentando contra su dignidad y bienestar. El Pontífice lo advertirá
a una sociedad que ha relativizado sus valores; en el
Cuerno de la abundancia “el libro de la naturaleza es
uno e indivisible, tanto en lo que concierne a la
vida, la sexualidad, el matrimonio, la familia, las relaciones sociales,
en una palabra, el desarrollo humano integral. Los deberes que
tenemos con el ambiente están relacionados con los que tenemos
para con la persona considerada en sí misma y en
su relación con los otros. No se pueden exigir unos
y conculcar otros. Es una grave antinomia de la mentalidad
y de la praxis actual, que envilece a la persona,
trastorna el ambiente y daña a la sociedad…” (Caritas in
Veritate, 51). Aún es tiempo para rectificar.
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